lunes, 5 de diciembre de 2011

Violencia de Género: Abordaje Integral en nuestro Centro de Salud "Entre Nosotras"

Por Pilar Pascual Pastor


La experiencia profesional y la especialización en el trabajo con mujeres desde la intervención psicológica con perspectiva de género (lo que significa tener muy en cuenta las consecuencias negativas de la sociedad patriarcal y la educación sexista para la salud mental de las mujeres) aconsejan trabajar de manera consciente las distintas expresiones de la violencia masculina hacia la mujer porque siguen siendo un valor social, cultural y educativo todavía muy extendido y sobre todo totalmente normalizado, dentro de los distintos ámbitos de nuestra sociedad (familia, medios de comunicación, mundo laboral, justicia,...).

En el Centro “Entre Nosotras” existen diferentes itinerarios terapéuticos, dependiendo de las distintas problemáticas que presentan las mujeres. Sin embargo, consideramos que trabajar la violencia de género es imprescindible en todos ellos. Aunque los objetivos que nos proponemos en cada uno son claramente diferenciales.

El gran número y el extenso abanico de edades de las mujeres que  utilizan nuestro centro (18 a 65 años) nos permiten abordar este tema desde todos las áreas de la intervención. Cuando trabajamos con mujeres jóvenes, nuestra propuesta gira en torno a la sensibilización y a la prevención; cuando nos dirigimos a mujeres de mediana edad nuestro objetivo es visibilizar la violencia y concienciar sobre sus formas más sutiles y normalizadas;  cuando trabajamos con mujeres que están sufriendo la violencia intentamos que comprendan su realidad globalmente, que atribuyan correctamente las responsabilidades de lo que les está sucediendo y decidan por ellas mismas salir de esa terrible situación y, por último, cuando trabajamos con mujeres que están sufriendo las secuelas de haber vivido la violencia intervenimos directamente en la recuperación de su autoestima, su confianza personal y en el desarrollo de sus capacidades de autonomía, así como en la prevención de futuras relaciones afectivas. 


También perseguimos un último objetivo, y es que todas las mujeres que pasan por nuestro centro aumenten su capacidad crítica, sé empoderen como mujeres, y la expresen contra la sociedad que las discrimina, además de que reivindiquen relaciones de buen trato en todos los ámbitos de participación, así como la igualdad de oportunidades para todos y todas.



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lunes, 28 de noviembre de 2011

Víctimas y Victimarios en la Violencia de pareja

¿Qué significa ser Víctima y Victimario en la Violencia de Pareja?

 Por Pilar Pascual Pastor


Es frecuente escuchar la pregunta ¿por qué una mujer aguanta la violencia de su pareja? Sin embargo, por lo general, nadie se cuestiona, al mismo tiempo, ¿por qué un hombre necesita ser violento, en ocasiones hasta llegar a matar, a la persona que supuestamente más quiere?

Para la mayoría de la opinión pública, la respuesta a la primera pregunta la buscamos en la propia mujer y achacamos su falta de respuesta únicamente a su responsabilidad (y entonces llegamos a escuchar barbaridades del tipo, “algo habrá hecho ella”, “seguro que se lo merece”, “es que le va la marcha”, “si está con él por algo será”, o bien opiniones sobre la supuesta falta de capacidad de las mujeres, “a donde va a ir con sus hijos e hijas si no tiene donde caerse muerta”…). Y con esta lógica, la responsabilidad de él, el agresor, se diluye o incluso se justifica.

"40 años de Felicidad". Imagen: Kostas Satlanis


¿Por qué en la violencia del hombre hacia la mujer, no tenemos claros los roles de víctima (la persona que sufre la violencia, a la que hay que proteger) y de victimario (el responsable de ejercer la violencia, el que tiene que responder por ello)? Igual de claro, al menos, que lo tenemos con cualquier otro delito violento sobre las personas.

La respuesta a esta pregunta es esencial para comprender, por qué tenemos esta doble vara de medir y por qué está costando tanto erradicar esta terrible lacra social.

Vivimos en una sociedad asentada en la legitimación de diferentes formas de violencia, camufladas hipócritamente en valores como el poder, la fuerza, la competitividad, el éxito, las metas individuales…

Todas las personas estamos acostumbradas a soportar un alto nivel de violencia que llegamos a normalizar. Desde la infancia a los niños y las niñas se nos posiciona de forma diferente ante esta violencia. Todavía hoy es muy normal, que se anime a un niño a devolver una agresión y a una niña a pedir ayuda si la recibe.

Este tipo de violencia se crea al organizar el mundo a partir de una diferencia construida arbitrariamente, como es el género. La violencia se permite y está tan interiorizada en cada una de las personas, que crecemos siendo permisivas a relaciones de “mal” trato. Llegamos a creer que es legítimo dudar de si la víctima es realmente una víctima y si el agresor es realmente el culpable. Cuando la realidad demuestra de forma contundente, que los hombres son los victimarios y las mujeres las víctimas, más del 90% en ambos casos.

Y si la violencia de género está legitimada en nuestra sociedad, también lo está en las cabezas de sus protagonistas y de los/as profesionales que la atienden, policías, abogadas/os, jueces y juezas, profesionales sociales y sanitarios que están implicados en la intervención de estos delitos.

A lo largo de estas reflexiones me propongo explicar las coincidencias y los aspectos diferenciales de la doble cara del problema de la violencia que sufren las mujeres de sus parejas. Y al mismo tiempo, desenmascarar las nuevas formas de machismo, que han ido aflorando desde que la reciente Ley Integral de Violencia de Género entró en vigor, y que mayoritariamente están dirigidas a banalizar el problema, a justificarlo y sobre todo a seguir des-responsabilizando a los hombres de sus comportamientos.


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martes, 22 de noviembre de 2011

¿Crees que violencia de género son sólo los golpes o se prepara el terreno con la violencia psicológica?

LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA

Por Pilar Pascual

Cuando hablamos de maltrato a las mujeres dentro del ámbito de la pareja, o lo que recientemente se conoce con el término de violencia de género, todos y todas tendemos a pensar en la violencia física. Sin embargo, es muy difícil que una relación de pareja se construya desde el comienzo sobre las agresiones físicas, primero hay que “preparar el terreno”.

Antes de la violencia de física, se producen una serie de comportamientos interactivos dentro de la pareja, que son muy difíciles de percibir como violencias, pero que son la esencia de la misma, su “caldo de cultivo”. Nos referimos a las microviolencias o micromachismos. Este tipo de comportamientos intentan mantener el dominio y la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer, se resisten al desarrollo de la autonomía de la mujer, al aumento de su poder personal o interpersonal. Estos comportamientos van, desde mantener los roles de género en el hogar totalmente delimitados, con independencia de que la mujer trabaje fuera del hogar; a no tener en cuenta las opiniones de ella en temas familiares; a controlar el dinero; a culpar a la mujer por todo lo que ocurre dentro de ámbito familiar; a hacerla dudar de sus capacidades; hasta las descalificaciones, insultos, o faltas de respeto, etc... Al conjunto de todas estos comportamientos se les denomina maltrato o violencia psicológica, y siempre preceden al maltrato o violencia física, sólo cuando el primera deja de funcionar se pone en marcha la segunda, se suma a la primera. Someter a una mujer, día tras día, a la violencia psicológica consigue provocar en ella inhibición, desconfianza en sí misma, y disminución de su autoestima, además de sentimientos de desvalimiento, confusión, culpa y dudas.

En este artículo queremos reflexionar sobre qué predispone a una mujer a llegar a ser víctima de violencia por parte de su pareja o mejor dicho que aspectos son los responsables dentro de la personalidad de una mujer que la hacen no detectar las primeras formas de violencia. Nuestro objetivo es concienciar a las mujeres, de que somos capaces de cambiar y aprender a tener y reivindicar relaciones de buen trato, primero con nosotras mismas y después con los demás, y así poder desechar el maltrato, nada más percibirlo.

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lunes, 21 de noviembre de 2011

El cuerpo de las mujeres: ¿por qué nunca estamos satisfechas?

Nuestro cuerpo siempre expuesto a ser mirado, escrutado, examinado, admirado, y eternamente juzgado por la mirada ajena, bien del hombre que aprueba y decide, bien por otra mujer que evalúa si estás o no dentro de los límites de la belleza impuesta. Es decir si cumples con lo esperado de ti para ser aceptada, conseguir una pareja y ser sexualmente atractiva, e incluso conseguir el éxito total, porque para muchas de nosotras tener un cuerpo “diez” es garantía de felicidad, como un plus que nos abre las puertas. Y también a la inversa, cuando somos o nos sentimos feas, somos como sospechosas y nos enfrentamos a la vida con una gran barrera.

Todas sabemos el tiempo que consumimos pensando si nuestro cuerpo está bien o mal, si entra en un pantalón o en otro, y todo el sufrimiento y la amargura que nos genera en determinadas etapas de la vida. Y sobre todo la falta de confianza que genera en nosotras mismas.

Todas las mujeres desde niñas aprendemos que uno de nuestros valores personales es la forma y el tamaño del cuerpo, y más concretamente de algunas partes de él (una cara bonita, unos pechos generosos, una cintura estrecha,…) y, claro, también aprendemos que ser evaluadas por ello es parte intrínseca y totalmente normal de nuestro ser mujer.

La belleza, término abstracto, subjetivo, generador de discusión, debate y por supuesto, controversia en todos los campos donde se intenta definir. Todos excepto cuando hablamos de la belleza femenina, en la que parece haber un acuerdo casi total, que sólo varía dependiendo del momento histórico. En la actualidad, parece que son bellas principalmente las mujeres jóvenes, blancas, delgadas, con labios y pómulos abultados, clavículas marcadas, pechos generosos... Hasta tal punto esto es así, que madurar y/o envejecer parece que estuviera “prohibido” y muchas mujeres arriesgan su propia salud sometiéndose a tratamientos de todo tipo para seguir siendo eternamente jóvenes y delgadas. Además este modelo-tipo de mujer bella lo impone occidente, el llamado primer mundo, para todas las mujeres del mundo, lo que implica que el resto de razas son susceptibles de no ser bellas. Así las mujeres orientales corrigen sus ojos para que sean más redondos y las mujeres de piel oscura intentan aclararla para que parezca más blanca, las indígenas se tiñen, rizan o alisan el pelo…

En cada época histórica, se decide el canon de belleza que debe regir, normalmente muy difícil de cumplir para la mayoría de las mujeres, y se convierte en uno de sus referentes para casi todas las mujeres en dicha sociedad. Así es como aprendemos a valorar nuestro bienestar, en función de que nuestro cuerpo se acerque más o menos a dicho canon. Es decir lo que opinamos de nuestro cuerpo y cómo nos sentimos de a gusto con él, conforma una parte muy importante de nuestra autoestima. Si la autoevaluación es negativa estamos atentando directamente contra nosotras mismas y nuestro bienestar personal.

Os propongo un ejercicio de reflexión, en forma de preguntas, para entender este sinsentido en el que estamos metidas la mayoría de las mujeres:

• ¿Qué sentido tiene incitar a las mujeres desde pequeñitas a perseguir un canon de belleza, en la mayoría de las veces es un imposible?

• ¿A quién le interesa que estemos embobadas en esta absurda tarea?

• ¿Por qué interesa que las mujeres estemos siempre dudando de nosotras mimas?

• ¿Qué sería del mundo si las mujeres (más del 50% de la humanidad) hubieran aprovechado todo ese tiempo y esfuerzo, en algún objetivo más productivo y beneficioso para todas/os nosotras/os?

• Esta presión sobre nuestro cuerpo, ¿tiene algo que ver con que las mujeres no conseguimos estar en otros ámbitos de poder social, laboral,…?

Pilar Pascual

martes, 15 de noviembre de 2011

De qué hablamos cuando hablamos de violencia de género

ACLARANDO CONCEPTOS

Actualmente hay una gran confusión con los términos que se emplean al referirse a la violencia contra las mujeres.

Se habla de violencia de género; de violencia de pareja; de violencia familiar o intrafamiliar; y de violencia doméstica, indistintamente, a pesar de que cada uno de estos términos hacen referencia a distintos ámbitos y diferentes protagonistas, tanto en lo referente al sexo de los agresores y de las víctimas, como a las causas y a los objetos de estas violencias.

1. La VIOLENCIA DE GÉNERO es la que ejercen los hombres sobre las mujeres (física, psicológica o sexualmente), por el sólo hecho de ser mujer.
Es la violencia más extendida en la humanidad.
Las cuatro condiciones que debe cumplir para ser violencia de género son:
a. El AGRESOR: siempre es un hombre.
b. La VÍCTIMA: siempre es una mujer.
c. La CAUSA: las relaciones de poder entre los sexos por la socialización genérica (dominación del hombre y sumisión de la mujer).
d. El OBJETIVO: el control y el dominio de las mujeres.

2. La VIOLENCIA DE PAREJA es una forma de violencia de género cuando la ejerce la pareja o expareja afectiva sobre su mujer (90%).
No es de género si la agresión la ejerce la mujer sobre el hombre, por no darse las condiciones referidas anteriormente, ya que la mujer carece del poder social que le otorgue una situación privilegiada frente al hombre. Además las causas más frecuentes suelen ser la defensa personal o la reacción a la acumulación de microviolencias o violencias que ejerce su pareja masculina sobre ella.

3. La VIOLENCIA FAMILIAR es violencia de género cuando la ejerce cualquier miembro masculino de una familia sobre una mujer de una familia sobre una mujer de esa familia (90%). Como por ejemplo, un padre sobre su hija; un hermano sobre su hermana.
Aquí también se incluiría la violencia de pareja, explicada arriba.
No sería de género la que ejerce, por ejemplo, una madre sobre su hijo o hija; ni la de una hermana sobre su hermano o hermana.

4. La VIOLENCIA DOMÉSTICA es violencia de género cuando la ejerce un hombre sobre una mujer en un grupo de convivencia doméstica: También pueden ser familia o pareja, pero no necesariamente. Por ejemplo, cuando en la convivencia de un grupo de estudiantes un chico agrede a una chica.
No sería violencia de género a la inversa por los motivos explicados.

5. OTRAS VIOLENCIAS DE GÉNERO que cometen los hombres contra las mujeres son:
a. Las violaciones;
b. Los abusos sexuales y el incesto;
c. La prostitución;
d. La pornografía;
e. El tráfico de mujeres;
f. El tráfico de niñas-os;
g. Las E.T.S. (Enfermedades de Transmisión Sexual);
h. El SIDA o VIH.


Desde los actores más conservadores y reaccionarios de la sociedad, no se quiere hacer distinciones entre la violencia de género y las que no lo son. Prefieren llamarla violencia familiar o violencia doméstica, invisibilizando, de esta manera, que los agresores son mayoritariamente hombres (más del 90%) y las víctimas, mayoritariamente mujeres (más del 90%). Incluso, la Real Academia de la Lengua Española elige poner como ejemplo el minoritario maltrato de una mujer sobre el marido. ¿Casualidad o premeditación sexista y cómplice?

SOLEDAD MURUAGA

miércoles, 26 de octubre de 2011

Día Internacional de la Menopausia

Por Soledad Muruaga

El 19 de octubre, me enteré por primera vez, de que se celebra el Día Internacional de la Menopausia y no he podido resistirme a hacer algunas consideraciones  sobre un tema que conlleva diversos mitos, miedos, prejuicios y sufrimientos para gran número de mujeres, llegando a afectar en gran medida a nuestra salud física y emocional.

La menopausia, científicamente hablando, es solamente el final de la menstruación y por ello el fin de nuestra capacidad reproductiva, pero precisamente al tratarse de algo que está tan relacionado con la sexualidad y la reproducción femenina, todo se complica y se retuerce.

Menopausia y menstruación, dos aspectos naturales en la vida de todas nosotras y, que sin embargo, en nuestra cultura son vividas por muchísimas mujeres como algo enfermizo y vergonzante.
En mi caso, ya pasada la menopausia hace unos 8 o 9 años, reconozco que he hecho un amplio recorrido  intelectual, físico y emocional, desde la vivencia de mis menstruaciones hasta su desaparición.
                                                                                                                                           
Recuerdo que, en los primeros años de mi adolescencia y juventud,  vivía mis menstruaciones como  insufribles,  dolorosas, con una humedad incómoda y, toda yo, me sentía invadida por un humor de “perros”.  Eran días de “peligro” para mis relaciones y trabajos. Podía pelearme con cualquiera y  por cualquier tontería, a diestro y siniestro…

Con el paso del tiempo, fui entendiéndome mejor con mi cuerpo y aprendí  a vivir de otra manera más saludable los tres o cuatro días que menstruaba. Comía alimentos más digestivos, descansaba y me relajaba todo lo que podía y posponía las actividades que no fueran imprescindibles. Poco a poco, mi actitud hacia la menstruación dejó de ser un problema y mis dolores también fueron desapareciendo.
Este proceso personal, se produjo simultáneamente con mi experiencia profesional en el trabajo terapéutico con mujeres que vivían de maneras muy diferentes sus menstruaciones. Unas de forma conflictiva, otras de forma más o menos saludable. Es la suerte de tener una profesión como la mía, que posibilita aprender constantemente de las otras…
Por este recorrido vital y profesional, fui incorporando suficiente información y madurez para recibir  a mi menopausia de una forma  bastante positiva y natural. El único síntoma que experimenté algo incómodo, fue el de los sofocos, pero  los acepté con bastante humor.

También reconozco que hasta la fecha, ha subido mi temperatura corporal, por lo que en invierno necesito menos calefacción y en verano más  ventiladores. Esto trae algunos inconvenientes a mis compañeras de trabajo, cuando en las reuniones abro todas las ventanas, hasta que protestan por mis calorías…
Bromas aparte, quiero expresar que la Menopausia puede ser vivida con plena salud y en armonía con nuestros cuerpos, que no perdemos ninguna de nuestras capacidades de sentir y disfrutar el placer que nos puede acompañar toda nuestra vida.

Es verdad que, para muchas mujeres, es muy difícil superar los modelos culturales, sociales y religiosos que durante siglos han potenciado únicamente nuestra función de madres. Son millones las que  han asumido esta función maternal como la única razón de su existencia y, por ello, la menopausia significa para ellas, la pérdida de su razón de ser mujer, así como el final de la juventud.

Todo esto,  unido a que son numerosos los tratados médicos que describen la menopausia como una enfermedad, ofreciéndonos consejos, tratamientos hormonales y medicamentosos para ayudarnos a superar esos “trastornos físicos y psicológicos”.

Sin embargo,  muchas  mujeres hemos empezado a hablar, a conocernos, a descubrirnos como personas, más allá del modelo de belleza, de maternidad  y  de pareja  patriarcales. Cada vez somos más las que  estamos descubriendo y aceptando que simplemente vamos envejeciendo en un fluir de nuestras  vidas. 
Y cada una vivimos la menopausia de forma diferente, enfrentándonos a una sociedad donde la belleza y la juventud son sinónimos de éxito, de inteligencia y de futuro.

Lo positivo y esperanzador  es que, en espacios de salud  como el nuestro, “Entre Nosotras”, comprobamos  cada día el  avance de muchas mujeres, que con esfuerzo y reflexión se preparan para afrontar la segunda mitad de sus vidas, activas, saludables y fuertes, con la fuerza que nos da el conocimiento y la experiencia de entendernos unas a otras en el difícil desafío de ser  MUJER.


Publicado orginalmente en su blog: http://soledadmuruaga.blogspot.com/


miércoles, 19 de octubre de 2011

Dolor Crónico en las Mujeres

En el día Internacional del Dolor Crónico, desde la Asociación de Mujeres para la Salud, queremos llamar la atención sobre la mayor prevalencia de malestares y dolor crónico en mujeres que en hombres.

Entre las principales enfermedades con dolor crónico, que afectan de forma predominante a las mujeres se encuentran:
  • La Artrosis (ratio 3/1)  Afecta al triple de mujeres que de hombres  
  • La Artritis (ratio 30/1) Afecta 30 veces más a las mujer.
  • La Fibromialgia (ratio 9/1) Nueve de cada 10 personas afectadas son mujeres. 
  • Migrañas (ratio 9/1)  Nueve de cada 10 personas afectadas son mujeres.
  • Síndrome de fatiga crónica  (ratio 3/1) Afecta al triple de mujeres que de hombre. 
  • Anemia y deficiencia de hierro (ratio 50/1) Afecta 50 veces más a las mujeres. 
  • Osteoporosis (ratio 3/1) Afecta al triple de mujeres que de hombres.
  • También la Depresión  Exógena, con los numerosos síntomas físicos y psicológicos, afecta casi al triple de mujeres que de hombres.
Para ayudarnos a entender y visibilizar algunas de las causas de estas diferencias entre la Salud de mujeres y hombres, Soledad Muruaga, ha publicado un artículo que puedes leer en su Blog personal.

lunes, 10 de octubre de 2011

Día Internacional de la Salud Mental

La sociedad patriarcal considera que la salud de las mujeres es biológicamente inferior, con más dolencias y debilidades. Estas desigualdades son muy evidentes en el análisis, diagnóstico y tratamiento de la salud mental de las mujeres

Si en todas las áreas de la vida es necesario introducir la mirada de género para su análisis, en el tema de la salud este enfoque de género es imprescindible para entender las diferencias y las desigualdades que experimentan los hombres y las mujeres.

La forma tradicional de entender la salud mental de las personas, hombres y mujeres, está relacionada principalmente con factores genéticos y biológicos. Sin embargo, el bienestar y la salud integral, física y psicológica de cualquier ser humano, depende fundamentalmente de otros numerosos factores, como la forma de vivir, alimentarse, cuidarse, la economía, el tipo de trabajo, de vivienda, las relaciones sociales y afectivas, la autonomía personal, los proyectos y actividades de cada persona, la autoestima personal, el modo de disfrutar y percibir el mundo, o el modo de afrontar los problemas y conflictos.


Aspectos que generalmente son de peor calidad para las mujeres, y que no suelen tenerse en cuenta para entender y tratar los mayores  problemas de salud que éstas padecen: 


* No se considera como causa del estrés y el cansancio de las mujeres las derivadas de soportar una doble/triple jornada de trabajo, ser las principales responsables de los cuidados de niños/as, ancianos/as, enfermos/as, parejas, familias… 


* No se tienen en cuenta los efectos negativos que produce compatibilizar el trabajo productivo y reproductivo, ni lo pernicioso de los ambientes laborales masculinizados, las cortapisas para acceder a mejores trabajos y a una remuneración económica y social igualitaria. 


* Tampoco se considera cómo afecta a la salud de las mujeres la falta de control sobre sus propias vidas, ni la falta de poder derivada de la desigualdad de oportunidades y de la discriminación estructural. 


* Se medicalizan aspectos naturales de la vida de las mujeres, como el embarazo, el parto y  la menopausia. 


* Se minimizan y no se da la importancia que requieren algunos problemas diferenciales de las mujeres, como son: las anemias, ferropenias, carencia de calcio, migrañas, fibromialgias, anorexia y las enfermedades cardiovasculares.


La asociación de Mujeres para la Salud, está demostrando y visibilizando a través de sus investigaciones,  desde hace más de 20 años, que estos aspectos psicosociales, tienen un impacto muy negativo en la autoestima, la salud mental y el bienestar de las mujeres. 

Por ejemplo, hemos comprobado la existencia de algunos trastornos de salud mental específicos de las mujeres, a los que denominamos Depresión de Género, definiéndola como un conjunto de sufrimientos y malestares físicos y psicológicos, sin base genética ni biológica, que padecen cuando experimentan una crisis de identidad de género,  producida por soportar a lo largo de sus vidas, por el hecho de ser mujer, una acumulación de micromachismos y numerosas  violencias, así como sufrir profundas contradicciones y frustraciones por la práctica de los múltiples roles y mandatos femeninos de la socialización patriarcal.
 


En la revista de AMS, La Boletina,  nº XXVII-XXVIII, año 2008 “La Salud Mental de las Mujeres”, explicamos más ampliamente esta teoría.

lunes, 3 de octubre de 2011

Digamos No al planchado de senos


Comunicado emitido por la Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres


Por supuesto que las mujeres de las Asociaciones de CELEM, sabemos que la Violencia de Género contra las mujeres es múltiple y estructural, pero no deja de impactarnos e indignarnos, descubrir nuevas variedades de crueldades que no podíamos ni imaginar que existieran.

Este lunes se publicó en El País, los resultados de una investigación de la agencia alemana GTZ sobre una práctica tradicional de mutilación femenina de pechos, que se realiza en el Oeste de África, especialmente en Camerún. Así, nos enteramos, horrorizadas, que a las niñas que empiezan a desarrollar el pecho antes de los nueve años, se las considera en riesgo de ser violadas, tener relaciones sexuales precoces y quedar embarazadas. Para evitarlo, las madres y otras mujeres de la familia, se encargan de hacerles un “planchado” de senos con piedras, palos de majar el cereal y otros objetos planos muy calientes, apretando fuerte hacia arriba y hacia abajo, como se plancharía una prenda. Esta brutalidad se realiza todos los días, durante meses, hasta lograr detener el crecimiento del pecho de la niña, provocándole, además de enormes dolores, infecciones, quemaduras, heridas, rotura de tejidos, deformidades y graves problemas psicológicos.

Para combatir esta mutilación, ha surgido una iniciativa de la organización Renata conformada por más de 250 asociaciones, que han dado formación a más de 15.000 mujeres jóvenes que han sufrido la
mutilación, a las que llaman “tantines”, para que éstas, a su vez, puedan educar a otras adolescentes, en salud sexual y reproductiva. Con apoyo de la cooperación alemana, han lanzado en los medios de comunicación la
campaña “Digamos No al planchado de senos” www.tantines.org

También estas mujeres, van de pueblo en pueblo y de barrio en barrio, rompiendo mitos y combatiendo contra esta aberrante práctica que tanto dolor y enfermedades provoca a las adolescentes.
Desde CELEM, visibilizamos y apoyamos esta valiosa iniciativa, nos solidarizamos con “las tantines” y especialmente con todas aquellas niñas y mujeres que son sometidas a cualquier tipo de Violencia de Género.

Soledad Muruaga Vicepresidenta de CELEM y Presidenta de la Asociación de Mujeres para la Salud

lunes, 26 de septiembre de 2011

Niñas sin pecho en Camerún

El 12 de septiembre, Charo Nogueira publicó, en el periódico El País, un artículo sobre las Niñas sin pecho en Camerún:

Una de cada cuatro menores del país africano sufre el "planchado" de los senos para disimular la pubertad y evitar violaciones y embarazos.


Veronique De Viguerie (Getty Images)

Piedras calientes sobre los senos que comienzan a apuntar. A veces palos de majar el cereal, a veces otros objetos planos, pero siempre ardiendo. Es el planchado de pechos que sufre una de cada cuatro niñas en Camerún. Las madres u otras mujeres de la familia son las encargadas de practicarlo con la creencia de que retrasa el crecimiento del pecho de sus hijas y, por tanto, las aleja de las relaciones sexuales, consentidas o no, las protege de las miradas libidinosas de los hombres y evita tal vez embarazos no deseados.


Conocer esta forma de violencia de género estructural, ha motivado diversas opiniones y movilizaciones para denunciarla y sobre todo en reconocimiento y apoyo de una organización Las Tantines (las "tías", en el cariñoso diminutivo francés), que están llevando a cabo una campaña de sensibilización y rechazo: "No al planchado de senos".

Puedes leer la opinión de nuestra Directora en su Blog   

Además, como Vicepresidenta de la Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres (CELEM), Soledad Muruaga, también redactó un comunicado, al que nosotras nos adherimos, rechazando la mutilación de pechos y solidarizándonos con Las Tantines.