lunes, 20 de febrero de 2012

Las Sexualidades de las Mujeres

Por Soledad Muruaga
Editorial del número XXI de nuestra anual Revista "La Boletina"

Desde el comienzo de nuestras vidas, todas las niñas recibimos mensajes confusos acerca de la sexualidad. Contradictoriamente se nos dice, de manera más o menos velada, que la ocultemos, la neguemos y la reprimamos, o bien, que la usemos y la vendamos. Cotidianamente, los medios de comunicación hablan del sexo como medio de seducir, conseguir poder y dinero. También para nuestra socialización de género, recibimos repetidos mensajes sociales, culturales, económicos, morales, religiosos, familiares, jurídicos, médicos, etc., acerca de una sexualidad patriarcal. Todo ello, unido a las experiencias individuales, nos lleva a cada una a incorporar una compleja construcción mental de la sexualidad, basada en mandatos e ideas erróneas acerca de las relaciones sexuales.


La consecuencia es, que bajo estas premisas y modelos, se establecen la mayoría de las relaciones sexuales y afectivas entre hombres y mujeres, quedando poco espacio para la comunicación en igualdad e impidiendo expresarnos y desarrollarnos saludable y creativamente a nivel sexual y personal a unos y a otras. Modelos y mandatos dirigidos a las diferentes generaciones de mujeres y que explicamos ampliamente en el artículo “Poder y Sexualidad”.

Según estos mandatos de género, a las mujeres nunca se nos ha permitido tener el mismo grado de deseo y/o necesidad sexual que a los hombres, relegándonos a un papel de objeto y de sumisión. A nosotras se nos cataloga sexualmente en extremos opuestos, según los estereotipos y roles de género. A unas nos califican como putas, ninfómanas, salidas, busconas o calentonas, mientras a otras, se nos considera frías, pasivas, frígidas, estrechas o anorgásmicas. ¿Podemos imaginar estos calificativos aplicados al sexo masculino por sus conductas sexuales? Estas ideas se expresan con gran claridad en nuestros artículos: “Un tranvía llamado deseo” y “Explorando el territorio del deseo y placer”.

Entre los mandatos sexuales que se prescriben a las más jóvenes, hay uno que está produciendo especial confusión y sufrimientos a muchas de las que lo adoptan. Se trata de ser promiscuas para ser modernas y “guay”, tal y como se describe en el clarificador artículo "La promiscuidad obligatoria y el consumo de juguetes sexuales”.

Un tema poco hablado y mal conocido en la sociedad, es el de la sexualidad que viven las mujeres cuando se convierten en madres, por lo que la información que damos sobre este tema en el artículo “Sexualidad y Maternidad: ser mujer-sexual y madre”, puede resultar de gran utilidad para muchas de nosotras.

Evidenciamos y cuestionamos numerosos mitos y prejuicios en torno a temas de nuestra sexualidad que suelen estar muy silenciados y son poco difundidos desde el propio punto de vista como mujeres. Como sucede con la mal llamada masturbación femenina, a la que nosotras preferimos denominar autoerotismo o autoplacer, tal y como lo analizamos en el artículo “El autoplacer”.

En el artículo “Deshaciendo nudos emocionales: Taller afectivo-sexual”, explicamos cómo afrontamos una auto-reeducación afectivo-sexual en los talleres que impartimos desde hace más de dos décadas, en el “Espacio de Salud Entre Nosotras”. En estos grupos cuestionamos los mitos, modelos y mandatos sexuales tradicionales y planteamos la búsqueda de alternativas para que cada una encuentre su propia manera de vivir una sexualidad saludable y creativa, sin corsés ni cortapisas.

Y, en esta revisión crítica de imposiciones y mandatos patriarcales, reflexionamos sobre algunos temas en torno a las relaciones lésbicas, y a la bisexualidad de las mujeres, aspectos que aún generan demasiada polémica y desconocimiento entre mucha parte de la población. En el artículo “Relaciones de amor entre mujeres”, exponemos formas diferentes de entender opciones y vivencias lésbicas. Y en el artículo “Desmontando mitos sobre la Bisexualidad”, hacemos un resumen de la excelente guía “Fresa y Chocolate”, en la que se ofrece amplia información acerca de la bisexualidad de las mujeres.as mujeres.


Puedes descargar la revista completa aquí 




lunes, 13 de febrero de 2012

Las condiciones sociales que llevan a las mujeres jóvenes a la depresión

Este artículo forma parte de la teoría elaborada por el equipo de Mujeres para la Salud
y de su propuesta de terapia de grupo específica para Mujeres Jóvenes.


Las mujeres jóvenes han nacido durante la democracia y han podido disfrutar de los beneficios del cambio sociológico más importante del siglo XX, la liberación de la mujer. Cambios como el abandono paulatino del mundo de lo privado hacia el público, la separación entre sexualidad y maternidad, el uso libre de contraceptivos y la búsqueda de su propio camino de realización y bienestar, a través del estudio y el trabajo remunerado.

Parecería lógico pensar que esta generación ha interiorizado valores igualitarios y que su salud mental ha mejorado con respecto a sus predecesoras, sin embargo, nuestra experiencia de trabajo con mujeres entre 18 y 35 años nos dice que esto no sucede así. Estas mujeres siguen teniendo malestares psicológicos derivados claramente de los roles sociales que tienen que asumir por su educación de género, y que, actualmente, siguen siendo muy diferentes a los roles masculinos, y a veces son contrarios o están enfrentados. Así, se observa que la transformación del rol social de la mujer (tradicional/moderno) está siendo muy conflictiva y creando muchas dificultades incluso a las mujeres jóvenes.

Photostogo.com




Unidos a la supuesta independencia y autonomía que proporciona la educación académica y el acceso al mundo laboral, las mujeres jóvenes siguen interiorizando de forma muy insistente valores y creencias como: 



  • la dependencia afectiva, 
  • la sumisión en las relaciones, 
  • la falta de la asertividad, de ambición, la no expresión de la agresividad, 
  • el vivir en función de los demás, anteponer los deseos de l@s otr@s a los propios, asumir todas las responsabilidades en las relaciones, 
  • desconocimiento de su cuerpo y de su sexualidad, 
  • la importancia excesiva que se le confiere a la imagen corporal, 
  • la asunción de cualidades femeninas tradicionales incompatibles con las modernas, 
  • la pretensión de ser perfectas a todo aquello a lo que se enfrentan, trabajo, relaciones, etc...
Es necesario mencionar, aparte, dos aspectos muy relacionados:
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Por un lado, la presión social y mediática a la que están sometidas las mujeres jóvenes en relación a su cuerpo y su aspecto físico, desde que son niñas. Se castiga la obesidad y se premia la delgadez, y se relaciona esta última con el éxito social, “…cuántos menos kilos más logros, más autoestima, más felicidad”.
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Y por otro, el tremendo desconocimiento de la propia sexualidad que sigue siendo una sexualidad centrada en el otro, basada en proporcionar placer a través de cuerpos perfectos. Las mujeres jóvenes siguen teniendo el sentimiento de obligatoriedad o deber cuando hablamos de sexualidad en pareja, sigue existiendo el “miedo a la perdida de la pareja si no soy buena amante”. Hemos pasado de la castidad al todo vale, cuántas más relaciones sexuales mejor, a dejarse llevar por los deseos (¿los deseos de quién?) y cayendo de nuevo en otro mito opuesto, ahora la obligación es “autoimpuesta”. Pero considerarse más valiosas sexualmente, depende de hacerse deseable y accesible para el otro, no depende de cómo nos sintamos sino de cómo nos ven los demás. Las mujeres jóvenes siguen dando el poder sexual a sus parejas, viven mayores situaciones sexuales de riesgo (ahora son provocadoras e incitadoras voluntarias), y siguen sin saber qué quieren y cómo expresar su sexualidad.

En los últimos años venimos observando una característica en el comportamiento de determinadas mujeres jóvenes que cada día es más frecuente. Existe un claro desequilibrio entre sus derechos y sus responsabilidades, a favor de los primeros. Este desequilibrio se observa analizando los conflictos de relación que plantean, en cualquier espacio social pero sobre todo con su familia de origen. Presentan evidentes ideas irracionales y distorsiones cognitivas en la defensa de sus derechos y en la sobrecarga de responsabilidades que imponen a la otra persona. Así exigen más de lo que dan, confunden sus derechos y “echan balones fuera” (responsabilizan a la otra persona del conflicto), con la consiguiente pérdida de educación en la frustración. Nos preocupa que este aparente avance en la defensa de derechos tenga una trayectoria hacia un modelo de dominación y no hacia un modelo de relación asertiva.

Suponemos que este giro es una de las consecuencias negativas de los cambios en la educación basados en la atención absoluta de las madres y los padres hacia los y las hijas/os, y en la falta de responsabilidades que se les exige. Recordemos que estas mujeres jóvenes son hijas de las mujeres de la doble y triple jornada. Mujeres que apuestan claramente por la independencia de sus hijas, sobrevalorando su formación académica y relajando la exigencia de cualquier otro tipo de responsabilidades.

Creemos que, también relacionado con esto, se podría explicar el mayor individualismo que observamos en las jóvenes, que a pesar de que tiene claros aspectos positivos (se construyen más así mismas, tiene más posibilidad de decidir, etc…) significa también una pérdida de la capacidad de empatía y de preocupación hacia el/la otro/a que caracteriza a mujeres de otras generaciones, y que de forma equilibrada, y sin anteponer a las necesidades individuales consideramos de un gran valor.
Existe otro tipo de causas en el malestar de las mujeres jóvenes que a ellas mismas les resulta difícil de identificar, porque las viven como totalmente superadas dentro de nuestra sociedad. En el plano de la subjetividad creen que todos estos factores a ellas no les condicionan por que ya están viviendo en una sociedad en la que existe igualdad, no se reconocen distintas en derechos a los hombres. Nos referimos a la desvalorización social de “ser mujer” en general, a la violencia de género (desde las micro-violencias hasta la violencia manifiesta), las situaciones de discriminación en cualquier ámbito (no tener las mismas posibilidades de acceder a un puesto de trabajo, puestos peor remunerados,...), el uso del cuerpo de la mujer como un objeto (en los medios de comunicación y el mundo de la moda), la falta de reconocimiento del esfuerzo de las mujeres, la escasa participación en tareas públicamente reconocidas, etc... Esta situación es doblemente peligrosa. Las mujeres además de seguir estando claramente discriminadas en todos estos aspectos, la falacia de vivir en una sociedad igualitaria adormece la capacidad crítica de éstas, impidiendo que se den cuenta de los efectos negativos que provocan en su bienestar psicológico y, al mismo tiempo, frenando su real participación social y su empoderamiento social.

Si quieres saber más sobre nuetsra teoría de género, puedes descargar aquí el número sobre La Salud Mental de las Mujeres de nuestra revista La Boletina.

jueves, 2 de febrero de 2012

La Depresión de Género en las Mujeres

Por Soledad Muruaga López de Guereñu

La Depresión de Género no es una enfermedad mental ni biológica, es un conjunto de sufrimientos y malestares físicos y psicológicos que experimentamos las mujeres por soportar las numerosas desigualdades estructurales de género de la sociedad patriarcal.

La mayoría de las mujeres, en algún momento de nuestras vidas, padecemos una crisis de identidad de género, unas veces producida por la experiencia de algún suceso traumático de género (violación, incesto, maltrato, prostitución, etc) y otras veces, sin hechos traumáticos visibles, por la acumulación de micromachismos y microviolencias así como de numerosas contradicciones y frustraciones por practicar los roles y mandatos de la socialización de género. Todo esto produce efectos muy negativos en la salud integral de las mujeres.


SÍNTOMAS:
Los síntomas de la depresión de género, en muchos casos, son similares a los de cualquier depresión, unos son psíquicos: como la tristeza, la apatía, la falta de interés, falta de concentración, irritabilidad, pesimismo, culpabilidad, ansiedad, etc., otros son somáticos o físicos, como insomnio o exceso de sueño, problemas alimentarios por exceso o por defecto, disfunciones sexuales, dolores y molestias diversos.

En otros casos, aunque las mujeres no puntúan muy alto en el cuestionario de síntomas de depresión, Sí padecen ciertos malestares y sufrimientos característicos de nuestra socialización de género, tales como:
  • Un malestar difuso e irritabilidad crónica.
  • Incapacidad para pensar y actuar de forma lúcida y eficaz.
  • Un descontento permanente de la relación de pareja (de la que muchas veces se siente culpable).
  • Un retroceso o paralización de su desarrollo personal.
  • Limitación de su libertad y autonomía.
  • Desmoralización e inseguridad y falta de autocredibilidad.
  • Actitud defensiva o de queja constante e ineficaz.
  • Deterioro, a veces muy grande, de su autoestima.

LAS CAUSAS DE LA DEPRESIÓN DE GÉNERO:
Deducimos que ese 40 % más de depresiones que sufren las mujeres es lo que denominamos depresión de género y puede producirse por un cúmulo de invisibles factores estresantes:

  1. Por la práctica de los múltiples roles y mandatos de género de las mujeres para adaptarnos a un modelo que nos pide sacrificio, dependencia y pasividad. Aprendemos a sufrir y no desarrollamos nuestras capacidades para el goce. Este modelo limita y empobrece todo desarrollo intelectual y corporal y nos impide decidir, disentir, ser dueñas de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad. Interiorizamos múltiples miedos por todo lo que ocurre en un mundo que sentimos muchas veces ajeno, desconocido y amenazador.
  2. Por los micromachismos o microviolencias en la vida cotidiana: “Son pequeños e imperceptibles controles y abusos de poder casi normalizados que los varones ejecutan permanentemente. Son hábiles artes de dominio, maniobras que sin ser muy notables, restringen a las mujeres, atentando además contra la democratización de las relaciones. Dada su invisibilidad se ejercen generalmente con total impunidad”. (Luís Bonino: Micromachismos. Madrid, Cescom, 1998b.)
  3. Por acontecimientos traumáticos de género, como: por la violencia de su pareja afectiva; por la violencia de sus hijos e hijas; por una violación; por un aborto; por abusos sexuales o incesto en su infancia; por separaciones o divorcios; después del parto ; durante la menopausia y cuando los/as hijos/as  mayores abandonan el hogar (depresión del nido vacío).

 
Si quieres saber más sobre la Depresión de Género y conocer cuál el el tratamiento que proponemos en el Espacio de Salud Entre Nosotras, puedes descargar el artículo completo en nuestra web